sábado, 11 de enero de 2014

Ángel aterido




Granos de tierra apagada
manchan sus alas albinas,
un pedazo de tierra podrida
y a soñar que regresa al sol.

Suele su aliento a miseria,
saben sus labios a ruina,
late en su boca la muerte...


De comer algodones con agua
a beberse suicidios en vidrio,
de volar entre azules y mirlos
a arrastrase sintiendo el mordisco
que ratas ansiosas le dan
en su carne buscando alimento.

Nadie gana a la muerte
partidas de póker jugadas
con ciertas cartas marcadas.

El capricho de dioses
de traje y escaño,
de urna y de ojos
cerrados al pueblo
obró el milagro:

ángel blanco
lleno de polvo
clavado en la tierra
yerto,
frío,
quieto,
roto;
muerto.



El Sietemesino
Foto: Cultura Inquieta

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