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miércoles, 24 de junio de 2015

El delfín y la golondrina (final)


Durante el camino de  vuelta él no cesaba de narrarle entusiasmado a la golondrina, cuán simpática y bonita era esa delfina con quien había compartido juegos en el mar. Pero ella raseaba el río pensativa y sin decir una sola palabra.

A partir de aquella mañana no faltarían a la cita diaria con el agua salada, y la avecilla apenas participaría junto a ambas criaturas de su entretenimiento y, sobre un risco de la orilla, los contemplaría taciturna:

-Se les ve tan felices...-, reflexionó en una de las ocasiones, habiendo entendido que ese ya no era su delfín, que él estaba donde y con quien tenía que estar. De manera que, con un sencillo batir de alas, alzó el vuelo dirección al lago.

Aquella misma noche el delfín nadó solo río arriba y tampoco halló a su antigua compañera en el lugar habitual:

lunes, 11 de mayo de 2015

El delfín y la golondrina (parte II)

Y ella, que apenas había reaccionado hasta el momento, negó con la cabeza sin dejar de mantener inmóvil el resto de su cuerpo. Sin embargo, al no obtener una respuesta más rotunda, el delfín prosiguió:

-Es raro verte en el suelo sin volar, puedo ayudarte?

Inspiró profundamente hinchando su blanco buche y, al fin, ésta contestó casi en un susurro:

-No, no estoy enferma. Tengo un ala herida que me impide volar porque me duele mucho.

-¿Comes peces? ¿Te traigo uno pequeñito?

En el rostro de la golondrina dibujose entonces una leve sonrisa, contempló al delfín y pensó que ese animal era tan grande como tierno, porque se preocupaba por ella sin conocerla de nada. Y acertó a articular:

-No como peces, pero gracias por tu ofrecimiento. Nadie en todo el bosque se ha parado, como lo has hecho tú, al verme en el suelo, mucho menos para brindarme auxilio.

-No hay nada que agradecer, pues todos en algún momento necesitamos que nos ayuden. Mas no me has dicho cómo puedo hacerlo yo.

lunes, 4 de mayo de 2015

El delfín y la golondrina (parte I)

La historia que sigue, sucedió hace mucho, mucho tiempo, tanto, que los seres vivos, incluido el hombre, todavía se comunicaban entre sí y no existían diferencias en las especies.

Una tibia tarde de primavera, un curioso y aventurero delfín que jamás se había sumergido en aguas dulces, quiso saber que sentiría al nadar entre corrientes tan distintas a las acostumbradas. Por eso, y después de no mucho meditarlo, adentrose por el delta del río que infinidad de veces contempló anhelante desde el mar; remontó su curso hasta encontrarse en mitad de un sereno e inmenso lago, que le pareció el lugar más hermoso y relajante en el que estuvo nunca: ningún depredador acechaba y tampoco era necesario preocuparse por peligrosas corrientes tan habituales en mar abierto y el conjunto de criaturas que allí vivían mostrábanse, por demás, amables y acogedoras. Poco tardo, claro, en establecerse en el remanso dada la posibilidad, también, de curiosear tierra. Algo que siempre le fascinó y que, sin embargo, en pocas ocasiones pudo deleitarse con el debido detenimiento.

jueves, 31 de enero de 2013

Fábula de las abejas y las avispas



Existió una vez un árbol con una colmena, en la que todas sus abejas trabajaban esforzadamente en torno a su reina y, aunque cansadas al final de cada jornada, la comunidad se sentía feliz porque disponía de lo suficiente para poder subsistir durante el frío invierno.


Una calurosa mañana del mes de junio, sin embargo, a la
consejera de la abeja soberana se le  ocurrió proponer que
si contrataban, a cambio de techo y comida, a unas cuantas avispas como guardia protectora, muchas más obreras podrían salir a recolectar polen y, en consecuencia, mucho más rico sería el reino puesto que habría miel de sobra para abastecer a las residentes de palacio.

Así fue que al día siguiente, y tras dar su aprobación la antófilo monarca, llegó un...

miércoles, 6 de julio de 2011

El león y la hormiga

Todos los días, muy de mañana, una pequeña hormiga llegaba al lugar de trabajo y se ponía inmediatamente a realizar sus labores. Ella, altamente productiva y feliz, estaba bajo las órdenes de un 
león que, sorprendido por su alto rendimiento ajeno a cualquier tipo de supervisión, pensó: -Si este diminuto himenóptero es capaz de producir a tal velocidad sin ser controlado por nadie, ¡qué no hará de estar vigilada constantemente por un superior!-.
De este modo fue cómo el gran rey de la selva decidió contratar a una cucaracha, la cual era conocida por los excelentes informes 
que elaboraba y por su ilimitada experiencia en asuntos de supervisión. Tanto es así, que la primera medida impuesta por la blattas orientalis, consistió en instalar un sistema de fichado a fin de verificar la hora de entrada y salida de la pobre hormiga. El otro precepto...