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miércoles, 6 de febrero de 2013

Tríptico


EL INFIERNO: Levantarte a las ocho de la mañana, tener el estómago cerrado y no poder desayunar, llegar a la sala de espera, ver caras enfermas, comenzar a pensar demasiado, oír tu nombre por megafonía, desnudarte de cintura para arriba, tumbarte en la camilla, sentir el frío gel sobre el pecho, reparar en las miradas entre Doctor y auxiliar, tener la convicción de que algo no va bien y salir de allí echando hostias camino del médico de cabecera en busca de los resultados de la ecografía.

EL CIELO: Hígado, tamaño y ecogenicidad normal, sin cambios nodulares ni alteraciones difusas, contornos lisos. Vesícula biliar, alitiasica, pared normal. Vía biliar no ndilatada. Bazo y páncreas, tamaños y...

jueves, 19 de enero de 2012

El cantante de Jazz

Vivir en una gran ciudad te convierte en un ser gris, que se levanta todas las mañanas y empieza el día cual robot: repitiendo.
Sales a la calle y caminas con paso firme y ligero, sin ningún atisbo de sentimiento en el rostro: a lo sumo con cara de pocos amigos.
Subes al transporte público y eres uno más del rebaño, un borrego anónimo sumido en sus propios pensamientos sin mirar a la persona que tiene al lado: eres un ser completamente automatizado.
Aunque de vez en cuando, la suerte cambia la banda sonora de la rutina. Es al bajar del tren de cercanías e ir caminando por uno esos tantos pasillos blancamente impersonales, fríos, dirección al metro, cuando me deleito en mi propio silencio: un hombre de mediana edad, con perilla blanca (un blanco diferente al de los túneles del metro) y trompeta...

lunes, 3 de octubre de 2011

¿Sería él?

Anteayer, igual que todos los sábados, estuve trabajando en la cocina de un céntrico restaurante y, como quiera que el cielo amenazaba lluvia, el número de clientes fue menos elevado de lo habitual. Esta circunstancia me permitió, 
afortunadamente, salir antes de lo previsto. A las ocho cuarenta y cinco de la tarde, pues, ya me encaminaba a casa siguiendo el itinerario de los últimos días. Ruta por la que vi a siete u ocho coches policiales (entre Nacionales y Locales) circulando a bastante velocidad y con las sirenas activadas, en un tramo que comprendía poco más de doscientos metros. Sin embargo, continué mi trayecto sin prestar mayor importancia a lo sucedido, hasta que caí en la cuenta de que la calle por la que pasaba en ese preciso momento era la tercera en la que el tráfico estaba dirigido por miembros de la autoridad.
-Pasa algo gordo-, escuché comentar a un hombre mientras
esperábamos a que el agente diera la orden de cruzar; empezaba a inquietarme sugestionado, quizás, por las palabras que acaba de oír y, sin duda, por la mayor presencia de efectivos que me topaba a medida que avanzaba por una de las avenidas principales de la ciudad.
-¿Qué puede estar pasando?-, se preguntaba la gente...

martes, 14 de diciembre de 2010

Buenos días, préstamos rápidos

Ver imagen en tamaño completo      Repartir propaganda, dar folletos a la gente, no es tan simple como parece.
      Acudiremos al almacén de buena mañana y meteremos en la mochila un buen puñado de esos papeles publicitarios. De camino al punto asignado aprovecharemos los coches que nos vayamos encontrando para dejar en su parabrisas, preferiblemente el delantero, varias papeletas; ya en nuestro puesto empezaremos a ver montones de humanos entrando y saliendo apresuradamente del centro comercial (lugar indicado para desarrollar la tarea), gente de todas las estaturas, colores y edades: "¿Cómo es posible cruzarse con tantas personas diferentes y no repetirse una sola cara?", nos preguntaremos.
      Inicialmente la timidez llegará a...