martes, 1 de septiembre de 2015

Cómo recuperar tus Preferentes

 

Un vasco le pone la cara "del revés" al director de un banco y recupera su dinero.

El cliente tenía 35.000 euros en preferentes.

“La hostia se oyó en cuatro términos municipales de Bilbao”, asegura el jefe de la Policía Local de Barakaldo, población donde transcurrieron los hechos, y provocó una grieta de diecisiete metros lineales en el frontón municipal. “Creíamos que se había desplomado la cubierta del polideportivo”, asegura uno de los vecinos. “La mitad de las vacas del pueblo se han quedado sordas”, puntualiza otro vecino de una pequeña localidad situada a ocho kilómetros de Barakaldo.

Al parecer, la razón por la que el banco no podía devolver al cliente el dinero de la participación preferente consistía en un simple...

miércoles, 24 de junio de 2015

El delfín y la golondrina (final)


Durante el camino de  vuelta él no cesaba de narrarle entusiasmado a la golondrina, cuán simpática y bonita era esa delfina con quien había compartido juegos en el mar. Pero ella raseaba el río pensativa y sin decir una sola palabra.

A partir de aquella mañana no faltarían a la cita diaria con el agua salada, y la avecilla apenas participaría junto a ambas criaturas de su entretenimiento y, sobre un risco de la orilla, los contemplaría taciturna:

-Se les ve tan felices...-, reflexionó en una de las ocasiones, habiendo entendido que ese ya no era su delfín, que él estaba donde y con quien tenía que estar. De manera que, con un sencillo batir de alas, alzó el vuelo dirección al lago.

Aquella misma noche el delfín nadó solo río arriba y tampoco halló a su antigua compañera en el lugar habitual:

lunes, 11 de mayo de 2015

El delfín y la golondrina (parte II)

Y ella, que apenas había reaccionado hasta el momento, negó con la cabeza sin dejar de mantener inmóvil el resto de su cuerpo. Sin embargo, al no obtener una respuesta más rotunda, el delfín prosiguió:

-Es raro verte en el suelo sin volar, puedo ayudarte?

Inspiró profundamente hinchando su blanco buche y, al fin, ésta contestó casi en un susurro:

-No, no estoy enferma. Tengo un ala herida que me impide volar porque me duele mucho.

-¿Comes peces? ¿Te traigo uno pequeñito?

En el rostro de la golondrina dibujose entonces una leve sonrisa, contempló al delfín y pensó que ese animal era tan grande como tierno, porque se preocupaba por ella sin conocerla de nada. Y acertó a articular:

-No como peces, pero gracias por tu ofrecimiento. Nadie en todo el bosque se ha parado, como lo has hecho tú, al verme en el suelo, mucho menos para brindarme auxilio.

-No hay nada que agradecer, pues todos en algún momento necesitamos que nos ayuden. Mas no me has dicho cómo puedo hacerlo yo.

lunes, 4 de mayo de 2015

El delfín y la golondrina (parte I)

La historia que sigue, sucedió hace mucho, mucho tiempo, tanto, que los seres vivos, incluido el hombre, todavía se comunicaban entre sí y no existían diferencias en las especies.

Una tibia tarde de primavera, un curioso y aventurero delfín que jamás se había sumergido en aguas dulces, quiso saber que sentiría al nadar entre corrientes tan distintas a las acostumbradas. Por eso, y después de no mucho meditarlo, adentrose por el delta del río que infinidad de veces contempló anhelante desde el mar; remontó su curso hasta encontrarse en mitad de un sereno e inmenso lago, que le pareció el lugar más hermoso y relajante en el que estuvo nunca: ningún depredador acechaba y tampoco era necesario preocuparse por peligrosas corrientes tan habituales en mar abierto y el conjunto de criaturas que allí vivían mostrábanse, por demás, amables y acogedoras. Poco tardo, claro, en establecerse en el remanso dada la posibilidad, también, de curiosear tierra. Algo que siempre le fascinó y que, sin embargo, en pocas ocasiones pudo deleitarse con el debido detenimiento.