martes, 7 de enero de 2014

Sillas vacías





En Roma, 
el destino a veces parece una mano
intentando, al descuido,
quitarnos la pasta.

En otras se vuelve,
no obstante,
unos labios delgados,
suaves y rojos,
flotando...


... llorosos
en el capuccino.

Roma,
nombre de hermosa mujer;
paraíso terrestre
donde nadie jamás
llega en punto a su cita.

Y aunque yo no soy Gregory Peck,
ni ella la hermosa Haudrey Hepburn,
ni esto un filme de don Willy Wyler,
las flores se están marchitando
y siguen vacías las sillas
y el destino es parco en regalos.

Sin embargo no es cierto
que deba envidiar en encanto
a la belga más bella:

espesura solar es su pelo,
sutil porcelana la piel,
ojos fulgentes cargados de tedio.

Quizás yo deba,
tal vez yo pueda,
acaso yo tenga que…

nada de nada.

Bobadas, memeces,
propósito utópico
porque en la urbe más eterna
el tiempo tampoco perdona:

-Disculpa el retraso, cariño,
cogí mucho tráfico.
Por cierto,
estás hermosísima
con ese vestido.


El Sietemesino

1 comentario:

  1. Roma bien vale la pena, aunque no tengas al lado a Audrey Hepburn.
    Un abrazo y feliz año.

    ResponderEliminar