martes, 14 de diciembre de 2010

Buenos días, préstamos rápidos

Ver imagen en tamaño completo      Repartir propaganda, dar folletos a la gente, no es tan simple como parece.
      Acudiremos al almacén de buena mañana y meteremos en la mochila un buen puñado de esos papeles publicitarios. De camino al punto asignado aprovecharemos los coches que nos vayamos encontrando para dejar en su parabrisas, preferiblemente el delantero, varias papeletas; ya en nuestro puesto empezaremos a ver montones de humanos entrando y saliendo apresuradamente del centro comercial (lugar indicado para desarrollar la tarea), gente de todas las estaturas, colores y edades: "¿Cómo es posible cruzarse con tantas personas diferentes y no repetirse una sola cara?", nos preguntaremos.
      Inicialmente la timidez llegará a...
 ...paralizarnos, sin embargo, la constante exposición a los ojos de tanto desconocido congénere, acabará por disolver la tensión que nos atenaza e, inmediatamente, se nos podrá contemplar ofreciendo, cada vez con mayor rapidez y naturalidad, las hojas cuyo número menguará satisfactoriamente a medida que transcurre la mañana.
      Gradualmente el paso de los minutos nos dotará de una soltura casi magistral: el tono de nuestra voz, e incluso las palabras, variarán a la hora de dirigirnos a los transeúntes. Dependiendo de infinidad de factores (edad, aspecto físico, forma de mirar...) bien diremos, entretanto que les tendemos la publicidad: “Hola, préstamos rápidos”, “Muy buenas, préstamos rápidos. Gracias.” o “Buenos días señora, préstamos rápidos. Felices fiestas” (Sea cual sea el caso, siempre sonreiremos).
      Observando un poco descubriremos cómo algunos de los susodichos intentarán evadirnos claramente (nuestro aspecto físico, edad, forma de mirar... también causará en ellos perceptibles vibraciones).
      Pero si marcar un gol es lo máximo para un delantero, si un "solo" de guitarra hace el éxtasis del rockero, si las apariciones marianas colman de orgullo al religioso, nuestro momento culminante surge cuando detectamos la amplia y sincera sonrisa que alguien nos dedica conforme se nos aproxima para preguntarnos: “Hola guapetón, ¿me das uno?”. Justo en ese instante, en ese preciso instante, la frustración provocada por el rechazo de los que evitaban nuestra presencia, de los que no se han dignado a levantar la cabeza para decirnos que no les interesa lo que intentamos darles, desaparece por completo de nuestra mente y nos felicitamos silenciosamente sin acordarnos del madrugón, las caminatas ni los cinco euros con que nos pagan la hora. Solo nos importa estar ahí, en ese momento.

      El Sietemesino
      Foto (Google)

6 comentarios:

  1. Es cierto lo que dices, no, no es fácil sobrevivir a las miradas, a los rechazos, al "no me interesa", son papeles que también dan de comer aunque sea poco, pero estamos tan hartos de bu-rrocracia, de propagandas que no sirven... Pero tienes razón Sietemesino. Nos damos cuenta tarde de que tus manos son inocentes. Gracias.

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  2. A mi no me interesa nada la publicidad esta pero es raro que no la coja, a no ser que lleve bolsas en las dos manos y vaya cargadísima como me pasó una vez que hasta le pregunté con qué mano quería que la cogiera (irónicamente), yo pienso que deberían ponerse en un lado de la calle y a quien le interese la publicidad ya la cogerá, si no ya sabes que acaba por el suelo, pero bueno aún así conste que siempre la cojo aunque luego ni la mire, un besote, por cierto estoy fuera tres días y todavia no sé si podré llevar el ordenador ok, por si se me echa de menos por aquí :-)

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  3. Yo siempre cojo la publicidad, comprendo que es su trabajo, que es incómodo y a mi no me cuesta nada recoger uno.

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  4. Jajaja describes con éxtasis el momento que hizo valer la pena el trabajazo que es entregar publicidad a la gente!
    Yo normalmente soy de las que les digo "no gracias" y no les cojo la publicidad, para que no la malgasten, porque ni la voy a leer y lo que haré será llenar mi cartera de papeles que no me interesan. Al menos les digo algo... hay otros que te pasan por el lado como si tú no existieras...
    Buen relato de una experiencia tan simple (a simple vista).

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  5. La próxima vez que vea un repartidor de propaganda, le diré que si me puede dar tres o cuatro, para que se los pase a mis amigos que están interesados también. :P

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  6. No, vivir aqui no implica corazón ni sentimientos por los demás, por que debería... para nada, eso no, es una sociedad competitiva no soy nadie si tu no estas debajo de mí... entiéndelo, es sencillo!. Por otra parte dame un panfleto haber que dice....

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