sábado, 4 de enero de 2014

Recuerdos reencarnados


Algo recuerdo cuando entro en tu carne
ecos de antaño meciéndome el alma,
dulce canción que me inunda de gozo:
hálito, senda, sustento, caricia.

Algo recuerdo al bañarme en tu espuma
viva y salada agitándose toda
dentro del centro amoroso que vibra
entre sudores de pieles amantes.

Algo recuerdo al beber de tu fuente,
algo difuso, divino, eterno,
vuelo sin alas y muerte sin sangre,
sólo el incienso humeante: la nada…

rebosando suspiros,
derramando susurros,
desbordando sosiego;
el vacío colmado
de nada…
de la nada del todo.

Algo recuerdo al oír tus latidos,
huellas marcando el regreso a casa,
ritmo del rastro, compases sanguíneos:
puerto en el que mi razón ya naufraga.

Algo recuerdo al sentir tu cadencia
honda y vibrante oliendo a colores
nunca soñados por sueños corrientes
de esos que sueñan tan sólo las sombras.

Algo recuerdo al mirar tu esencia,
algo antiguo, extraño, secreto,
sol que no quema y luz que no ciega,
sólo la noche apacible: el silencio…

rebosando humedades,
derramando caricias,
desbordando sonrisas;
el mutismo colmado
de silencio…
del silencio sonoro.

Algo recuerdo en tu amparo dichoso,
vuelta al origen que gira y gira,
brisa ancestral que regala certezas:
todo es nuevo a la luz de tu brillo.

Algo recuerdo al hundirme en tu vientre
sube y baja la cumbre fecunda
mientras transcurre el instante infinito
dando sabores perdidos de años.

Algo recuerdo al perderme en tu abismo,
algo rotundo, inefable, sublime,
besos que avivan y amor que no muere,
sólo el cuarto lioso: la calma…

rebosando promesas,
derramando secretos,
desbordando “te quieros”;
la quietud bien colmada
de calma…
de la calma amorosa.



El Sietemesino

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