sábado, 3 de enero de 2015

Sin título



De qué me sirve
saber los porqués
si desconozco
el sabor del para qué.
Cómo dominar y someter
una vez más
la experiencia
a la previsible razón.
Lo nuevo
por dos veces
ya es conocido
y lo común...

 ... engancha, acomoda,
mata.
Entre el ser
y el estar
existe un sobre,
el que contiene
ficciones e indolencias:
el que diferencia
vivir de sobrevivir.
Confucio compraba arroz
para poder alimentarse
el estómago
y flores
para poder alimentarse
los ojos.
León Daudí
descubrió el extraño
peso que puede
tener ésto:
cuanto más vacío,
más y más pesa.
Y Elbert Hubbard
tuvo tiempo para todo,
quizás no se tomaba
la vida
demasiado en serio:
total, no saldremos vivos
de ella, decía.
Porque no es un deber,
porque no hay nada que ganar,
porque no confabula
contra nada
ni contra nadie
y porque a pesar de las rémoras,
escupidoras compulsivas
de culpa que jamás
se culparon a sí mismas,
la vida es aquí y ahora
como ahora y aquí
queremos que sea
o dejamos que fuese.


El Sietemesino

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