lunes, 18 de febrero de 2013

Los calderos de una bruja -parte I-


Deseo que me acompañen en esta visita guiada que he preparado especialmente para vosotros. Voy a compartir con ustedes mis calderos. Son muchos. Por eso veremos uno por cada entrega. El precio de la entrada es que vengan abiertos de mente y espíritu. 
Trataré de ser lo más clara posible, ya que mis calderos, como el mundo en que vivimos, no están ordenados como los museos temáticos. En una misma sala podrán encontrar diversos preparados que espero sirvan para comprender y cambiar los sucesos de estos tiempos. Hoy vamos a comenzar por el último caldero de mi sala II:

EL CALDERO DE LA CRISIS

Hace 40 años comencé a investigar los orígenes de las crisis que afectaban algunos países del mundo más que a otros. Algo así como buscar ingredientes en el mercado para cocinar una sopa. Entonces caí en la cuenta que “crisis” no era suficiente...
 ... para definir lo que sucedía. No encontraba una definición ajustada a lo que vislumbraba, aunque me nacía decir que nos estaban llevando hacia la hecatombe.

Las fórmulas de los “líderes” eran algo tan secreto que se guardaban en expedientes  “MAXIMO SECRETO” y ”ACCESO SÓLO A PERSONAL AUTORIZADO”.

Conseguí un viejo caldero de 60 años de antigüedad, en muy buen estado, para poder preparar una buena sopa que fuese digerible. Preparé la receta a medida que iba poniendo los ingredientes. El “hueso” lo encontré en las raíces del árbol genealógico que lo nutrió desde el comienzo bajo la denominación de ERA INDUSTRIAL. Un hueso excelente del que se nutren pocos.

Así fue que en mi caldero puse todo lo que se ajustaba al afán de saber cómo podíamos tragarnos este plato sin que nos envenenara. Todos los componentes eran de dudosa calidad y me preocupaba el resultado. Invocando conjuros que no revelaré, puse a cocinar: explosión demográfica; planificación: de recursos naturales, de distribución de riquezas, de viviendas, de alimentación, vestido, salud, educación y esparcimiento.

Tantas cosas y mi sopa resultaba insípida. Entonces agregué los efectos de la Política Económica y en ese momento el brebaje se volvió asqueroso, intomable y carente de valor nutritivo. Algo no funcionaba bien en mi preparado. Casi al mismo tiempo que  meditaba en esto, fui testigo del estallido de mi caldero. No se alarmen. El caldero quedó intacto. Lo que estalló fue el contenido que hizo, de esta sala, un desastre. Vean lo que pasó con cada uno de los ingredientes. Ahora estamos caminando por esta pasarela, por encima de los despojos. Me disculpo por los efluvios malolientes. Son inevitables cuando la calidad de los productos es pésima.

En suma, todo eso que vemos desperdigado y abandonado a la deriva, es la “crisis” que jamás hubiese estallado sin planificación. ¿Quiénes fueron capaces de planificar esto? Los visionarios miopes erigidos en dirigentes de la Humanidad para conducirla a la hecatombe. No teman. Podemos salir de esto. Eso sí, todos unidos.

Tomemos un descanso. Veo algunas personas que requieren aire fresco. Prometo seguir con la visita en la próxima edición. Un gusto saludarlos.

Ana Noreiko
Imagen (Google)

1 comentario:

  1. Esto no hay quien se lo beba y sen embargo me lo he leído de trago. No deja de ser indigesto y por ello no menos cierto.

    Un gusto (aunque amargo).

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