miércoles, 16 de enero de 2013

Y yo a ti


La de discusiones que mantuvimos tú y yo por negarme a formar parte de aquellas veladas familiares de los sábados y ahora ya ves, renunciaría a la cerveza con Paco, a la terapia de las letras y hasta a los partidos del Barça a cambio de sentarme a la mesa de mantel bordado, y poder ver a tu abuelo sonreír porque el Betis ha marcado un gol o escuchar a tu tío Ángel hablar de ajedrez y te...las y mercadillos, mientras tu abuela me...
 ... reprocha que no como nada y tu madre nos contempla a los dos con ojos de orgullo porque seguimos muy unidos después de todo. Exactamente con la misma expresión que tenía tu mirada cuando me decías eso de "te quiero más que a mi vida, canijo" y a lo que yo, completamente abrumado, no sabía qué contestar.
Ahora que no está esa mueca de alegría, ni la mesa con mantel bordado, ni los reproches de tu abuela, ni aquella mirada de orgullo, ni tampoco tú... ahora, sin embargo, sé la respuesta. Pero ya no tiene importancia para nadie salvo para mí, porque:

Echo de menos tu pelo en la almohada,
tu habitual beso de buenas noches,
tu voracidad en la madrugada
y hasta tus gritos, bufos y reproches.

Que sin ti ya no hay noche que sea estrellada
ni amanecer en que no desabroche
mi pijama y saque la mano mojada
al pensar en tu boca y sus derroches.

Pero es el precio a pagar por mi cagada,
por mandar dos años a la nada,
por decidirme a subir a aquel coche

y dejarte totalmente tirada
llorando como tonta enamorada
la espantada de este idiota fantoche.


El Sietemesino
Imagen (Google)

3 comentarios:

  1. Precioso. Y curioso, cómo echamos en falta con el tiempo lo que antes parecía sobrarnos.

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  2. coincido con los dos comentaristas anteriores, es un sentimiento agridulce el de este texto, y me viene martirizante el poema incluido.

    Un abrazo, saludos y letras

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