domingo, 4 de diciembre de 2011

Una buena tarde



Había manchas de vino en el suelo,
manchas de espuma sobre los sonetos
y manchas de nosequé en el corazón.

La ventana estaba abierta de par en par
al cielo azul oscuro, casi negro,
y la luz de una farola alumbraba...
...tu cuerpo.

Doña Concha lloraba esa tarde a un marinero
cuando no se moría de pena La Faraona,
y en cada copla nos acoplábamos hasta arder.
 
Tenías la piel irritada por mi barba,
te daba vergüenza ir al servicio
 y se te hacía ya cuarenta minutos tarde.
 
Es verdad que nos faltaban porros y condones,
sin embargo nos sobraban besos, caricias
y promesas que nunca cumpliremos.

Y aunque ni tú ni yo sabemos bailar
hasta los libros se descolgaron del estante
borrachos de tanta belleza.

Era una tarde casi de primavera,
la ventana estaba abierta de par en par
y una farola iluminaba tus pechos desnudos.

Había manchas de vino en el suelo,
manchas de vida sobre los poemas
y manchas de nosequé en mi corazón.
 
El Sietemesino
Imagen (Google) 


5 comentarios:

  1. Hermoso poema y bellos recuerdos de tiempos en que no hacían falta los porros y descuidábamos los condones, ajenos a las maldiciones de viejos chamanes, y seguros por la inexistencia de enfermedades incurables. Nos dejábamos llevar por la Naturaleza a lo más bello, sin los prejuicios de severos e hipócritas jueces, que condenan todo placer terrenal en otros, mientras ellos viven en la opulencia y en una secreta e imperdonable lascivia.
    Saludos y buen domingo.

    ResponderEliminar
  2. Por mucha crisis que haya, no nos podrán quitar el desenpolvar una buena tarde junto a una persona especial.

    Tienes que compilar esos poemas tuyos en algún libro, primo. Seguro que hay alguna editorial dispuesta a publicarlos.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Esos días especiales se recuerdan y mejor si se inmortalizan en un poema.

    ResponderEliminar