miércoles, 20 de julio de 2011

Delirio

Mi mano sangraba pero tenía el cuchillo, logré arrebatárselo por la hoja fría y cortante. Aún así aquél tipo no dejaba de perseguirme, hasta que
pateaba la caja de cerillas amarilla de la que aparecía alguien vestido con la camiseta de Alemania diciéndome que la carnada blanda es inútil en verano. Entonces corría al fondo del pasillo y más que orgullo veía timidez en la mirada de la adolescente que custodiaba el retrete. Cuatro, siete, nueve...pasaron varios minutos sin saber muy bien cómo, lo cierto es que accedí al baño y, mientras tiraba de la cadena, lanzaba al abismo del inodoro a todos mis perseguidores (ya eran cinco), sus cabezas explotaban en nubes rojas contra la porcelana blanca y marronácea. Suspiraba. Sonreía. Sin embargo, segundos más tarde escuchaba Gnossienne. Era mi teléfono móvil.  Un mensaje anunciaba que me quedaban cuatro días, cuatro días de vida.
Estaba claro: ellos habían logrado salvarse a pesar de tener la boca llena de moscas, y ahora esperan que vuelva a cerrar los ojos para intentar joderme la noche otra vez.

El Sietemesino
Imagen (Google)

2 comentarios:

  1. Un buen micro-relato que sabe contagiar la atmósfera de desasosiego y zozobra al lector.
    Un abrazo.

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  2. Me encantan estos relatos con toques de "qué estará pasando"!!. Espero que estés bien. Un beso desde Lleida Sietmesino!

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