lunes, 25 de julio de 2011

Convencido hasta la muerte

Cuando se llega tan lejos, cuando se llega hasta el final con todas sus consecuencias, cuando uno decide extinguirse de tal manera es necesario poseer una inusitada fuerza de voluntad: la que, quizás, otorga la convicción.
No dejó de proclamar nunca su inocencia durante los setecientos treinta 
días que pasó en prisión, primero en el centro penitenciario de Alicante y más tarde en el de Teruel, por una supuesta agresión sexual y un robo con violencia estimados en una pena de dieciséis años que, obviamente, no llegó a cumplir: tal vez por convicción.
Fue en el segundo y último de sus destinos, en la cárcel de la localidad aragonesa, donde Tohuami Hamdaoui murió después de una larga huelga de hambre iniciada con el objetivo de que le revisaran la condena dictada por la Audiencia Provincial de Alicante. Puede que por convicción.
Fuentes penitenciarias y del gobierno aragonés insisten en que, tanto los psicólogos como los voluntarios del centro de reclusión, hicieron todo cuanto estuvo en sus manos para cambiar la intención del preso. Dicen también que en los cinco meses que Tohuami practicó la inanición, estuvo recibiendo alimentación forzosa por orden judicial, sin embargo, era tal su resistencia que llegó a arrancarse las sondas que le habían aplicado al efecto. A lo mejor por convicción. Convicción de inocencia.

El Sietemesino
Imagen (Google)

2 comentarios:

  1. Muerto el perro se acabó la rabia, así que ahora menos que nunca se va a volver a reabrir el caso, vaya que fuese inocente.
    Total, un juez se equivoca como cualquiera, que alguien va a la cárcel, bueno... cosas que pasan, se siente, ¿no?

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  2. A veces los fallos de la justicia desembocan en errores irreparables. Debe de ser un trauma saberte inocente y pagar por algo que no has hecho.
    Una de nuestras deudas pendientes: la reforma de las leyes y del sistema judicial.

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