miércoles, 24 de agosto de 2011

Cosas de la edad

Susan May no acertaba a comprender la causa por la cual su padre dejó de enviar las acostumbradas cartas semanales a sus bisnietos. Al parecer Alf Spencer, hombre de 91 años y veterano de la Segunda Guerra Mundial, había interrumpido desde hacía tiempo el "protocolo" familiar. Sin embargo, y nadie tenía razones para dudar de su palabra, él estaba seguro de haber realizado múltiples envíos en los últimos meses.
Misterio misterioso que, tras varios años, fue resuelto por una transeúnte anónima precisamente cuando el anciano depositaba una de sus infructusosas misivas en el buzón.:  “Ella me preguntó que qué estaba haciendo. Pensé que iba a llorar cuando...
...le dije que quería mandar una carta. Entonces tomó mi mano y me señaló que el buzón estaba al otro lado de la carretera”.
Y es que el pobre Alf, cuya vista se encontraba bastante deteriorada por el paso del tiempo, llevaba la friolera de dos años echando sus epístolas en el lugar incorrecto. ¡Nada menos y nada menos que en un contenedor para excrenentos de perros!.
"¿Lo que yo no me explico es cómo han podido estar dos años viendo las cartas entre las bolsas y las heces y no se han preguntado qué hacían allí?", reflexionaba lúcidamente el ex militar.

El Sietemesino
Imagen (Google)

4 comentarios:

  1. Además de vista, debía de carecer de olfato el hombre, allá llegaremos si aún existen los buzones de correos.

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  2. Oiga hombre, la senectud deteriora hasta la mente. Ya de viejos, las malas costumbres se vuelven tradiciones. Un gusto volver a tener noticias de usted y espero la Minina mantenga sus notas tan encantadoras como las tuyas. Un abrazo y saludos, amigo.

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  3. Pobrecillo... igual hubiera sido mejor que nadie le dijera donde estaba el auténtico buzón. No dicen aquello de que la ignorancia da la felicidad? era mejor echarle la culpa a los carteros

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  4. Y todo los que les preocupaba es que dejaba de llegar la pasta, en dos años nadie se preocupó de visitarlo o preguntarle, jejeje que jodios.

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