sábado, 30 de julio de 2011

La cautiva y el murciélago

El enorme murciélago soñó con un dulce olor a sangre que le llevó hasta la cautiva y ahora, desde la atalaya, la observa en caótica danza buscando un hueco por el que escapar de la jaula tras la que, por fin, ambos esperan reunirse. Mas repentinamente, ganada ya por la desesperación y el cansancio, se proclama portavoz de lo gris y aflorando lágrimas a él le dice: -No mereces a alguien tan cobarde como yo-, pero la imperturbable criatura nocturna que desde lo alto ve que sin huir ella ha empezado a huir, le responde: -Jamás de nuestros ojos podremos desaparecer, pues tú me deseas y un dulce olor a sangre hasta ti me lleva-.

El Sietemesino
Imagen (Google)

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